No. 1. Síntomas de horror vacui.

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No soy especialista en museología, museografía o curaduría, estudie un pregrado en artes plásticas, cuento con cierta experiencia en curaduría y producción de exposiciones y he participado en algunos eventos expositivos. A partir de este conocimiento adquirido me voy a permitir reflexionar sobre la desolación a la que se ven abocadas la mayoría de las muestras en los exiguos espacios exhibitivos de la región orinocoamazonia. Aunque estas son dos problemáticas, por ahora solo voy a hacer ciertos apuntes sobre la primera y para ello voy a citar como ejemplo, más adelante, una pequeña anécdota en la Sala Guayupe de la Biblioteca Germán Arciniegas en Villavicencio (Meta).

Para realizar una exposición de artes visuales podemos asumir una metodología que solventaría ciertos requerimientos, me explico, de forma muy escueta se pueden seguir los siguientes pasos: un grupo de obras se disponen en un espacio, se diseñan e imprimen unas piezas gráficas, se hace un lanzamiento, promoción, visitas guiadas, tal vez otros eventos y finalmente se desmonta. Puedes conseguir guías o manuales para montaje de exposiciones en Internet. Antes de este 1, 2, 3, es muy importante tener un punto de partida, una reflexión, una pregunta que quiera abordarse. Una posible respuesta a este interrogante sería la exposición. Esta resolución espacial del problema puede estar compuesta por diferentes capas, que pueden ser: poseer una pertinencia contextual, estar relacionada con la historia universal del arte, visibilizar una poética individual, hacer un señalamiento particular, etc. Entre más capas posea la respuesta, suele ser más jugosa para el público, pues le permite hacer disímiles y numerosas conexiones. Para desarrollar este segundo aspecto no hay manuales. En aras de aglutinar lo que quiero decir, retrotraigo una idea de José Antonio Navarrete, crítico y curador cubano, él menciona que un ejercicio de curaduría es un discurso espaciado, mejor, distribuido conscientemente en un espacio. De una manera tosca he descrito dos aspectos inherentes al hecho de exponer, lo museográfico y la práctica curatorial. Me adelanto un poco, la mayoría de las exposiciones en la orinocoamazonia se quedan en el primer aspecto y lo abordan de una manera poco profesional.

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Hace poco visité la Galería o Sala Guayupe de la Biblioteca Germán Arciniegas en Villavicencio. Estaba expuesta allí una muestra de pintura y objetos reunidos a partir de una extraña asociación que no entendí. Mientras estuve allí, alrededor de 15 minutos, no entro ningún otro visitante, este hecho me generó varias preguntas:

¿Qué tipo de estrategias de difusión se implementaron y qué medios se utilizaron?

¿Estarán fallando estos mecanismos?

¿Existe público fidelizado de la sala? ¿Cuál es?

¿La exposición despierta interés para este público?

¿Alguna vez se ha realizado un estudio de públicos para la sala?

¿Van los vecinos de la biblioteca a las exposiciones de la sala?

¿Qué temas son de interés para esta comunidad aledaña a la biblioteca?

La corta reflexión que viene a continuación, no pretende dar respuesta a estas preguntas, sino más bien invitar a la discusión que espero se dé (soy muy positivo).

La labor expositiva institucional en Villavicencio, en la mayoría de los casos, se ha reducido a un listado de requisitos contractuales que determinan las partes que una muestra debe tener. El listado es más o menos así: invitaciones, arreglo floral, cóctel, músicos, pendón, libro de visitas, discurso inaugural y últimamente han introducido un texto de sala. Tal vez se me pasa algo, pero a manera general estos son los términos contractuales. Las exposiciones carecen de un discurso de fondo y casi siempre la selección de los participantes se hace a dedo, muy pocas veces se abre una convocatoria pública para conformar una exposición y aún menos se realizan investigaciones curatoriales.

Las exposiciones, así como otros eventos culturales y artísticos, se alimentan de público estudiantil, niños y jóvenes que de manera obligatoria asisten y que terminan deglutiendo lo que les pongan en frente sin un carácter crítico, desamparados a su libre mal entendimiento, porque casi todas las exposiciones carecen de guías de sala que los introduzcan en la historia del arte, los discursos estéticos de las obras y las biografías de los artistas. Aunque muchas de las exposiciones están conformadas por trabajos que te dan una experiencia visual simple, es decir, paisajes, retratos, bodegones, seudó-abstraccionismos (muy dañinos para la educación visual), objetos tridimensionales reconocibles o asociables a otros, en fin, tipologías artísticas que al parecer no son difíciles de consumir. Este sesgo monótono hacia ciertos tipos de trabajos necesita con más urgencia la presencia de un guía bien informado sobre el arte, que le ofrezca al público una visión más amplia, más aun tratándose de niños y jóvenes que de una u otra manera se aproximan como neófitos al arte y que lo que es más trascendental aún, podrán llegar a ser el público del mañana o en el peor de los casos no se acercarán nunca más al arte y se convertirán en minusválidos visuales.

Es imprescindible para salir del abismo cultural en que se encuentra la ciudad (soy pesimista), que las escasísimas salas de arte o centros culturales reciban asesorías profesionales e idóneas en todas las áreas artísticas, solamente así la calidad de los eventos desarrollados en estos espacios tendrán un nivel capaz de atraer públicos locales. Además deben generarse diálogos con otras instituciones pares a nivel nacional y en el mejor de los casos internacional, para acceder a apoyos e intercambios de saberes y experiencias.

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Los espacios expositivos no se deben seguir manejando como si fuesen las salas de las casas de los contratistas inexpertos que desarrollan los eventos de muestras visuales. El sector de la cultura siempre maneja el presupuesto más precario en las finanzas estatales, esto es una realidad, entonces se debe administrar e invertir de una forma efectiva, no derrocharlo, no me refiero solamente a lo que comúnmente se conoce en la contratación estatal como las “comisiones” (práctica indeseable pero en muchos casos inevitable), sino a una diversificación, es decir, contratación de profesionales idóneos, apertura de convocatorias públicas a agentes de los diferentes sectores artísticos, apoyo a líneas de investigación, formación de públicos, realización de eventos académicos para la cualificación del sector, implementación de un programa de residencias artísticas, etc. No se puede seguir administrando el poco presupuesto del sector de la cultura sin una proyección a largo plazo, que permita posicionar a los agentes culturales de la región a nivel nacional e internacional, teniendo muy en cuenta que la cultura no es solamente el folclor.

Algo fundamental es la formación y el estudio de públicos, porque si se continúa haciéndole el quite a este crucial asunto el estado precario actual del arte en la región se perpetuará sin fin. Me refiero al círculo eterno de los estudiantes de colegios que reciben en sus clases de artística contenidos como macramé, arte country, bordado, folclor, entre otras, que sin demeritarlos, no les ofrecen un conocimiento al menos básico de la historia universal del arte y cuando son adultos desarrollan un concepto severamente incipiente sobre la cultura y el arte. Por otro lado, la acción mediadora entre los espacios de exhibición y nuevos públicos se debe iniciar de manera profesional, por ejemplo, ofrecer eventos de apreciación artística e historia del arte apoyados en ciclos de cine relacionados con estos temas, visitas guiadas a grupos empresariales, posicionar las salas expositivas en las agendas turísticas, diseñar e implementar exposiciones portátiles, en fin, todas aquellas actividades que generen un acercamiento a los espacios expositivos.

En la actualidad es casi indispensable organizar una serie de actividades paralelas en los eventos expositivos que sirvan de contextualización y propaganda, como por ejemplo, charlas con los artistas, clases abiertas de arte, programas de radio, ciclos de cine relacionados con los temas que tratan las exposiciones, seminarios, talleres, actividades lúdicas (son muy importantes, pues acercan a los niños al arte que serán los futuros públicos), entre muchas otras. Todas estas actividades rompen con los esquemas en que se han enmarcado las exposiciones, potencian los discursos o temáticas de las obras y los ejercicios curatoriales, en general dinamizan los espacios expositivos.

Realmente es necesario superar la letra muerta de políticas y planes para el sector de la cultura, revitalizar los discursos sociales e incluyentes, superando la demagogia e impulsando los eventos culturales y artísticos con actividades novedosas y participativas, utilizando para ello otros canales diferentes a los usuales, por ejemplo las redes sociales. La cultura y el arte no se desarrollan mediante fórmulas, deben originarse de las necesidades de la comunidad, respondiendo a las dinámicas sociales actuales, las manifestaciones culturales están en continua transformación, si se congelan en el tiempo desaparecen, se tornan aburridas o se convierten en divertimento rancio para círculos sociales cerrados. En definitiva lo que necesitan los contados espacios expositivos en la región orinocoamazonia es revitalizarlos y de paso el arte y la cultura regional deberían subirse también a este bus.

Ernesto Cruz.